Hace unas semanas, hubo un movimiento energético, planetario, que terminó de inclinar la balanza definitivamente en dirección a Lo Nuevo. Fue muy significativo que, horas antes de este movimiento, la Tierra temblase y se produjera el tsunami.
Fue muy significativo porque la Tierra ritualizó ese momento, temblando; y al hacerlo, dejó impresas imágenes muy poderosas y elocuentes en relación a lo que ocurre desde hace algunos años al nivel de la conciencia.
HAIKU TSUNAMI
EPICENTRO
NOSOTROS CREEMOS QUE EL TSUNAMI FUE SOLO EN JAPON
EL EPICENTRO FUE JAPON
EL TSUNAMI ES EN TODOS NOSOTROS
Las veces en que leo artículos o mails relacionados con la interpretación de las energías que se dan en el Cielo –y que influyen en la Tierra-, me da la impresión que no aplican una mirada muy lúcida en relación a la variable interviniente que es el factor humano.
Me explico.
La humanidad, cada uno de nosotros, vivimos la Vida a través de una estructura que la percibe y la interpreta, no recibimos la vida en forma directa. Y al interpretarla, bajamos instantáneamente su vibración. Hacemos esto automáticamente[1], sin ser concientes de lo que estamos haciendo.
Pero …. qué es esta estructura que vive en nosotros, y que resiste la presencia de Lo Nuevo?
Antes que nada, es importante aclarar que esta estructura nos es casi imperceptible. Por qué?. Pues porque cada uno de nosotros está totalmente identificado con ella, al punto de creer ser sólo eso. Es el lugar desde el cual miramos[2], el lugar desde el cual pensamos, desde el que procesamos la vida, el lugar desde el que nos percibimos a nosotros mismos y a los demás.
En el llamado proceso de educación –que no es ni más ni menos que la incorporación de los modos de funcionamiento sociales- hay un momento en que todo niño resigna su embrionaria conciencia de Unidad y adopta una identidad diferenciada. Este es un paso evolutivo, y como tal, tiene que ocurrir.[3]
Esta identidad diferenciada es la identidad psicológica, o identipsi. Por las condiciones en que se origina, la identipsi termina siendo una estructura mucho más cerrada, fija, cristalizada y permanente que lo que podría ser. Si la observamos con detenimiento podemos ver que es una suerte de coraza, o mampara, detrás de la que aprendimos a esconder o proteger nuestro ser. Si hacemos uso de una autoobservación penetrante, podemos ver que no estamos en contacto real con la vida, sino que estamos “guarecidos detrás de”, a distancia.[4]
Cuando todo va muy bien, en el proceso rítmico que es la vida y con el paso de los diferentes ciclos vitales, la estructura psicológica madura. Y al madurar, se abre, dejando de ser una forma de defensa y evolucionando hacia una identidad más amplia. Se trata de la “recuperación”, en una octava superior, de aquello que fue dejado atrás en la infancia: la conciencia de Unidad. A esta identidad posible –que también nos corresponde evolutivamente- la llamo identidad energética. Es infinitamente más amplia, más abierta, más resonante y de más alta frecuencia vibratoria; es radiante o irradiante[5]. No niega a la identidad psicológica, sino que la contiene dentro de sí (la forma pequeña se funde en la forma mayor).
Esto es cuando todo va muy bien. Pero cuando el proceso no se resuelve en la maduración[6], la identidad psicológica "dura" hasta la muerte[7]. Cuando este pasaje madurativo-voluntario hacia la identidad energética no tiene lugar, la Muerte viene a poner las cosas en su sitio. Abre la coraza, mata la defensa; pero no queda vestigio conciente que pueda “aceptar-asir-aprehender” la inmensidad: hay entonces, retorno, samsara, recurrencia.
Vivimos un tiempo Nuevo. Y como somos seres creadores, podemos decidir re-crear el pasado dentro del tiempo de Lo Nuevo. Esto no es ni más ni menos que lo que venimos haciendo. El punto es que cada vez se hace más grande la brecha entre energía y mundo, entre lo que quiere la Tierra y lo que es aceptado por lo humano; y esta brecha cada vez mayor genera consecuencias. Digamos que allí entra en escena el tsunami, para intentar reducir la distancia.[8] La cuestión sigue siendo entonces qué vamos a hacer los humanos con Lo Nuevo: vamos a dejarlo ser, abriéndonos y dejándonos fecundar por esto; o vamos a percibirlo y envejecerlo, a percibirlo y envejecerlo, percibirlo y envejecerlo, priorizando la supervivencia de nuestra estructura memoria por sobre la vibración SIEMPREVIVA de lo que ES.
Las imágenes que quedaron plasmadas el día del tsunami fueron tan poderosas porque nos confrontaron, recordándonos lo que hace la energía en nosotros desde hace ya muchos años. Y lo que va a seguir haciendo, hasta que seamos seres nuevos y radiantes. Así como esa gran ola arrastró casas, sembradíos, barcos, puentes, personas, camiones, piedras, semáforos, autos; así la energía arrastra en nosotros defensas, identificaciones, corazas, memorias, traumas, conceptos, dolores, anclajes inconcientes, puntos ciegos: todos ellos, pilares en los que se genera, se apoya y se sostiene la identipsi.
La vida presiona sobre lo no reconocido de nuestros contenidos psicológicos a través de nuestras experiencias cotidianas. Como la vida es perfecta[9], mientras hay identipsi, las experiencias “buscan” los puntos de opacidad, los dolores no reconocidos y producen crisis (es decir, el posible fin de un paradigma personal, de una “forma de ser”). Y luego de la crisis, la posibilidad de una nueva comprensión.[10] En este nuevo tiempo la Tierra ya no quiere seres humanos defendidos, seres humanos coraza: ese es un modo de ser del pasado, de bajísima vibración y en realidad, pre-humano. Y la Tierra ya no quiere transportar pre-humanidad. Ya pasó ese tiempo, ya pagó su karma: la Tierra está dando su siguiente paso evolutivo y aumentando su frecuencia-vibración, tal como lo hace el sistema conciente del cual forma parte. Y nosotros, sus huéspedes, solamente tenemos la opción de acompañarla.
En este tiempo, todo presiona para que los seres humanos nos volvamos verdaderamente humanos, haciendo el pasaje desde una identidad coraza o defensa hacia una identidad radiante o energética.
En este momento ya deberíamos hacer el pasaje en forma conciente. Y deberíamos darnos cuenta que, solamente hay dos opciones: o sostenemos el viejo mundo prehumano perpetuado y codificado en nuestra identipsi; o nos ponemos del lado de la Tierra, pariendo a una nueva raza que nacerá en y de nosotros.
Ahora estamos en el exacto punto en que podemos comprender este proceso. Y así dinamizarlo y evolucionarlo concientemente.
El último fin de semana de abril (viernes 29, sábado 30/4 y domingo 1/5) hubo una nueva configuración en el Cielo, que asentó en la Tierra, la presencia de Lo Nuevo.
En nuna suerte de síntesis podemos decir que:
Un nuevo estado de SALUD está disponible para todos; y tiene que ver con actualizar todas nuestras potencialidades. Para lograrlo necesitamos, entre otras cosas, poder percibir a la identipsi. Para poder percibir a la identipsi, y para poder ir más allá de ella, necesitamos energía; energía nueva, fresca. Ésta se obtiene, rompiendo hábitos y desintoxicando físico, emocional y mental. Esto permite accesos cada vez más frecuentes en nivel energético. Cuando este acceso es estabilizado, acontece el PROCESO DE INTEGRACIÓN.
El PROCESO DE INTEGRACIÓN permite que un ser humano pueda vivir en estado de SALUD RADIANTE.
[1] literalmente: funcionando en automático.
[2] “punto ciego”: aquello que no puede verse a sí mismo; o que no puede considerar el lugar desde el cual mira
[3] de no ocurrir, estamos en presencia de un posible proceso psicótico
[4] en otro escrito abordo con mayor detenimiento el tema de la identipsi, y en un aspecto fundamental de su génesis y del porqué de su resistencia: la herida básica. Ese escrito no va a ser subido al blog: quien así lo quiera, puede solicitar su envío a través de cosi.retiros@gmail.com
[5] contrariamente a esta característica de iradiar, la identipsi "toma" energía; como es un sistema de baja vitalidad siempre esta buscando compensarla o aumentarla
[6] la identipsi en un sentido es ahora más resistente que en el pasado: ha encontrado en estos últimos 100 años una nueva y más sólida cohesión en el nivel mental; por lo tanto es mucho más difícil de ser percibida y trascendida
[7] en realidad siempre perdura hasta la “muerte”: la que acontece al final de la vida; o la otra, la voluntaria, la que ocurre cuando uno descubre que el contenido de esa estructura es un cuerpo extraño en nosotros: una estructura y un contenido que cumplen la función de un andador mientras la conciencia madura para poder dar el siguiente paso evolutivo
[8] ocurre lo mismo que en una crisis o en un proceso de enfermedad a nivel individual: siempre que resistimos lo que nos propone la vida, aumentamos la brecha; y siempre que aumentamos la brecha, la vida va a intentar reducirla. Lo que ocurre es que si insistimos en la inercia, las formas de cerrar la brecha –necesariamente- son cada vez más drásticas.
[9] se trata de un proceso “vivo”, conciente, interactivo, modulado continuamente en el AHORA, capaz de recibir retroalimentaciones constantes y de número infinito. La “inteligencia” de este proceso es absolutamente inconcebible para nuestra “pequeña mente”
[10] cuando hay identidad energética, y ésta ya está estabilizada, las experiencias cotidianas se viven en Lo Real –un marco mucho más amplio, multidimensional, que la convención social a la que llamamos “realidad”-. Y son todas experiencias de comprensión, a través de las cuales, uno prosigue –siempre- en el conocimiento del sí mismo